Metamagic
Apareció.
Al mismo tiempo, el desayuno y la prensa aparecieron en la mesa, el mismo que tomaba desde chico —fruta, café, pan, huevos picantes— con sus más o sus menos, pero básicamente era eso. Tenía el ímpetu ansioso de las nuevas oportunidades para intentar algo nuevo. Las calles se habían tornado vacías, sobre todo en la noche; las esquinas eran cada vez más peligrosas y las aceras, antes desbordantes de gente ávida de momentos sorpresa, quedaron desiertas. Lejos de buscar amigos o colegas, la soledad de la ciudad obligó a Merlín Tamayo a buscar una nueva forma de no dejar morir la magia que le había heredado Harry, su padre y mentor. Así la magia callejera iría directamente a las pantallas del planeta.
Así nació su canal de contenidos: Metamagic. Su plan original era sencillo y fiel a su estilo: transmisiones en directo donde mostraría su especialidad, transformando lo simple en bello y lo cotidiano en extraordinario, desde cualquier lugar y comenzando en su set improvisado.
La noche del estreno acomodó la cámara y el micrófono, ajustó el espacio y revisó la luz. Recordó que llevaba años practicando la técnica perfecta para desaparecer y aparecer a voluntad —esa obsesión que lo acompañaba en secreto desde niño—; sin embargo, no tenía la menor intención ni expectativa de probar semejante hazaña en su debut. Con el corazón latiendo rápido por los nervios del primer en vivo, miró al lente, ajustó su postura y acercó la mano a su celular. Tenía preparado un truco sencillo con un par de objetos cotidianos para romper el hielo.
Extendió el índice y presionó el botón rojo flotante que indicaba LIVE REC.
En el instante exacto en que la señal entró en línea, el contador empezó a marcar los primeros milisegundos. No hubo un aviso previo ni una preparación especial: el aire alrededor de Merlín vibró con una frecuencia invisible. Antes de que pudiera pronunciar su primera palabra de presentación o de bienvenida, su cuerpo simplemente se disolvió en la nada.
La transmisión quedó en vivo para los primeros espectadores que se conectaban conforme transcurría el tiempo. En pantalla no había humo, ni trucos de cámara, ni espejos, ni preparativos dramáticos: solo un set vacío, la pared del fondo y el silencio absoluto de la habitación, inaugurando el fenómeno Metamagic.
Desapareció.



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